7 de Junio

Mártires de Tábanos

Consuelo Lozano
Mercabá, 7 junio 2021

           En Córdoba los moros están cansados de matar, y los cristianos cansados de aguantar insolencias y peligros. Y muchos de ellos deciden abandonar la ciudad e instalarse en los alrededores, ocupando las cuevas de la montaña, empezando a vivir como ermitaños y formando un cinturón cristiano que empezó a cercar la capital del Islam en Andalucía.

           Con frecuencia reciben estos ermitaños la visita de San Eulogio de Córdoba, que les conforta con su palabra y deja en sus almas regustos de mayor entrega a Dios, mezclada con deseos de fidelidad a la fe y a los derechos de la patria.

           Gran parte de ellos avivan en el alma deseos sinceros de perfección, y empiezan a pasar el día y la noche repitiendo las costumbres ascéticas de los antiguos anacoretas, entre la meditación y la alabanza. Y a forma de gigantesco monasterio de cuevas aisladas, empiezan a vivir la Regla de los visigóticos San Leandro, San Isidoro, San Fructuoso y San Valerio. El más importante de estos monasterios fue el Monasterio de Tábanos.

           Estalló entonces la tormenta de la persecución musulmana, con el martirio del sacerdote cordobés San Perfecto (que fue arrastrado al tribunal, condenado y degollado). Hay gran revuelo en la ciudad, y las protestas cristianas se extienden de la ciudad al campo. Ha nacido un sentimiento por mucho tiempo tapado, y muchos, llenos de ánimo, se lanzan en público a maldecir a Mahoma, decididos a morir por la verdad y la justicia. El mismo San Eulogio trata de serenar los ánimos, pero aludiendo a que dicha resistencia cristiana es totalmente legítima, ya que "nadie puede detener a aquellos que van al martirio, inspirados por el Espíritu Santo".

           Veamos hoy, pues, cómo supieron los eremitas de Tábanos resistir esta persecución morisca del 853, que desde el propio palacio califal de Córdoba se extendió a las montañas adyacentes.

           Isaac era el joven sacerdote del Monasterio de Tábanos, e hijo de familia ilustre cordobesa. De buena educación cristiana, y buen conocedor del árabe, era hábil en los negocios, y había trabajado en el pasado en la administración de Abderramán II de Córdoba (llevando sus rentas). Pero amargado por la insolencia de los dominantes, o quizás por escrúpulos de conciencia, decidió irse de allí e ingresar en el Monasterio de Tábanos, donde trató personalmente con San Eulogio de Córdoba.

           Llegada la persecución de los musulmanes, tomó Isaac la decisión de presentarse al cadí cordobés, con la intención de ridiculizar la injusticia y acabar en el martirio. Simula querer tener razones para aceptar la religión de Mahoma, y las expone con ironía y sarcasmo al juez (que cae en la trampa). Y tan de plano rechaza en público la mentira de Mahoma, su bajeza de vida y la falsa felicidad prometida, que al resaltar la verdad del Crucificado, el cadí pierde los papeles y le da una bofetada a Isaac, contra la ley y la usanza pactada.

           La crónica del suceso fue narrada por San Eulogio, y coincide con la versión árabe de las Historias de los Jueces de Córdoba de Alioxani (por la que sabemos hasta el nombre del cadí que le juzgó: Said ben Soleiman el Gafaquí). Abderramán II de Córdoba mandó aplicar todo el rigor de la ley a su antiguo servidor; y para que los cristianos no pudieran hacer de su cadáver un estandarte venerable, lo mantuvo 2 días en la horca, lo hizo quemar y desparramó sus cenizas por el río Guadalquivir.

           Eso sucedió el miércoles 3 junio 853. Dos días más tarde (5 de junio) el mártir es Sancho, un joven admirador de San Eulogio, nacido cerca del Pirineo y esclavizado por la guardia del sultán. Sancho fue culpado de alta traición e impiedad, tras lo cual los moros lo tendieron en el suelo, le metieron por su cuerpo una larga estaca y lo levantaron en el aire. Así murió el 2º de los mártires tabanenses, empalado y tras una larga agonía.

           Otros 6 monjes de los alrededores, vestidos todos ellos con cogulla monacal, se presentaron el domingo (7 de junio) ante el juez musulmán, y le dijeron:

"Nosotros repetimos lo mismo que nuestros hermanos Isaac y Sancho. Mucho nos pesa vuestra ignorancia, y debemos deciros que sois unos ilusos, que vivís miserablemente embaucados por un hombre malvado y perverso que se llama Mahoma. Dicta sentencia, imagina tormentos y echa mano de todos tus verdugos para vengar a tu profeta".

           Eran Pedro (joven sacerdote de Córdoba) y Walabonso (diácono y natural de Niebla), provenientes del Monasterio de Cuteclara. Otros 2 (Sabiniano y Wistremundo) vinieron del Monasterio de Armelata. Habencio venía del Monasterio de Tábanos, y Jeremías era un anciano cordobés que había sido rico en sus buenos tiempos, pero había sabido adaptar su cuerpo a los rigores de la penitencia en el Monasterio de Tábanos (que ayudó a construir con su fortuna personal). Todos ellos murieron decapitados.

           Entre el 3 y 7 junio, pues, 8 monjes de la zona de Tábanos fueron mártires de Cristo. Y 5 días después (el 13 junio 853), otros 4 monjes más, también relacionados con el cordobés Monasterio de Tábanos.

           En 1º lugar Digna, natural de Córdoba y religiosa contemplativa del cenobio femenino, que atendía a los monjes tabanenses.

           En 2º lugar Anastasio, también cordobés de nacimiento, que había comenzado sus estudios en las aulas de la Iglesia de San Acisclo (donde fue ordenado diácono), y que había decidido luego ingresar en el Monasterio de Tábanos (donde abrazó el hábito tabanense y fue ordenado sacerdote), llevando una vida retirada y penitente.

           En 3º lugar Félix, nacido en Alcalá de Henares y forjado para la vida monástica en Asturias, desde donde fue destinado a Córdoba, ingresando también en el Monasterio de Tábanos.

           Estos 3 mártires fueron degollados, e igualmente quemados para hacer desaparecer sus cuerpos, esparcir sus cenizas por el Guadalquivir y evitar así que fuesen enterrados y venerados.

           En 4º lugar Fandila, natural de Guadix (Granada) y cuyos padres (de economía solvente) habían enviado a estudiar a Córdoba (España) para obtener una próspero estado civil. No obstante, al chico no le gustó la idea de vida mundana, y comenzó a recorrer todos los monasterios de los alrededores de Córdoba, hasta que encontró el de Tábanos y allí se estableció. Tras lo cual fue reclamado por los monjes del Monasterio de San Salvador (al norte de Córdoba), para dirigir como abad aquel cenobio.

           Hasta que Fandila oyó los sucesos de sus ex-compañeros, y decidió presentarse ante el juez árabe para protestar. Metido en el calabozo, siguió protestando Fandila por la ilegalidad de la persecución, hasta que el cadí se cansó y mandó que lo decapitasen, mostrando su cuerpo en la plaza principal de Córdoba para que todos lo viesen, y aludiendo a que el siguiente en ser colgado sería el obispo de Córdoba.