16 de Octubre

Santa Margarita de Alacoque

José Julio Martínez
Mercabá, 16 octubre 2021

            Nació en 1647 en Lautecour (Autun), hija del notario real Claudio Alacoque y la 5ª entre sus hermanos. Pasó su 1ª infancia en el placentero castillo de su madrina, hasta que pierde a su padre a los 8 años y su madre decide internarla con las religiosas clarisas de Charolles.

            En el Convento de Charolles imitaba Margarita los buenos ejemplos que veía, aunque echaba de menos las diversiones mundanas. A los 9 años recibió su 1ª comunión con las clarisas, y a los 10 fue presa de una enfermedad en que los huesos le perforaban la piel.

            Al ver que la enfermedad no remitía, ya con 14 años, tuvo que volver Margarita a casa de su madre, prometiendo a la Virgen ser una de sus hijas si recobraba la salud. La madre de Dios atendió a sus ruegos, y en el corazón de Margarita se entabló entonces el combate de la juventud: su promesa de consagración (por un lado) y las atracciones del mundo (por otro lado).

            Cuando cumplió los 22 años, declaró su deseo de ser religiosa a sus familiares, pidiéndoles que despidieran a todos los pretendientes. El obispo de Chalons la confirmó en sus deseos, y obtuvo su permiso para añadir a su nombre el de María. Dudaba qué instituto religioso había de escoger; mas el 25 mayo 1671 visitó a las religiosas salesas, en su Monasterio de Paray le Monial, y enseguida sintió que ése era su sitio.

            Una vez en el noviciado, pidió a su maestra que le enseñase cómo había de hacer oración. A lo que ésta contestó: "Id a poneros ante nuestro Señor como un lienzo delante del pintor". Hízolo así Margarita, y sintió que debía reproducir en adelante los rasgos del amor a Dios y a la cruz.

            Las superioras la pusieron entonces a prueba, a través de diversos trabajos y penitencias. Margarita temió desfallecer antes de llegar a su profesión religiosa, pero el Señor la sostuvo y la animó a vencer las propias debilidades y repugnancias ajenas. Tomó el hábito el 25 agosto 1671, y el 6 noviembre 1672 hizo su profesión religiosa: ya era sor Margarita María, de la Orden de la Visitación de Nuestra Señora.

            En lo exterior aparecía sor Margarita como una religiosa flexible, apta para desempeñar cualquier cargo que se le confiara. Fue sucesivamente enfermera, profesora de alumnas distinguidas (que vivían en el convento), maestra de novicias, otra vez enfermera, asistente de la comunidad y propuesta para superiora.

            En cuanto a su vida exterior, estuvo siempre animada sor Margarita por una ardiente caridad, y gran devoción al Corazón de Jesús. También albergó un abrumador espíritu apostólico, según revelan sus escritos y cartas, siempre llenas de pequeñas estampas para todo el mundo.

            Cuatro fueron las comunicaciones principales de Jesucristo a Santa Margarita: en la 1ª le descubrió el abismo de su amor a los hombres (24 junio 1673); en la 2ª le mostró su corazón lleno de espinas por nuestros pecados (a inicios de 1674); en la 3ª le pide que comulgue todos los primeros viernes de mes (a mediados de 1674); y en la 4ª le pide hacer una hora santa los primeros jueves de mes (a finales de 1674).

            Margarita pide a su superiora poder cumplir lo que su espíritu ha sentido por parte de Dios, especialmente la hora santa y la comunión de los primeros viernes. La superiora se pregunta entonces qué clase de espíritu será el que guía a esta hermana tan singular, y hace que la examinen algunas personas doctas. El resultado es deplorable: la tienen por visionaria, y prohíben a la hermana y a la superiora hacer caso de esas revelaciones. Además, dan la orden de obligar a Margarita a comer sopa.

            La heroica religiosa se somete a la obediencia, mas persevera en su deseo de cumplir lo que con toda certeza considera designios de Dios. Esta es la gran cruz interior de su vida. Pero cuando parece que humanamente no podía resistir más, llegó a Paray le Monial un padre jesuita llamado Claudio de la Colombiere (ca. 1675), como superior de una residencia que allí tenía la Compañía de Jesús. Poco después visitó el monasterio saleso para dar ejercicios espirituales, y allí confortó a sor Margarita y reanimó su confianza, después de oírla bondadosamente.

            Así llegó la gran revelación del Corazón de Jesús a su mensajera. Mientras ella adoraba al Santísimo Sacramento en uno de los días de la infraoctava del Corpus (junio de 1675), nuestro Señor se le apareció mostrándole su divino corazón y le dijo:

"Mira, este corazón que tanto ha amado a los hombres y que nada ha perdonado hasta consumirse y agotarse para demostrarles su amor, no recibe de la mayoría más que ingratitudes,  irreverencias, sacrilegios y desacatos en este sacramento de amor. Pero lo que me es todavía más sensible es que obren así hasta los corazones que de manera especial se han consagrado a mí. Por esto te pido que el primer viernes después de la octava del Corpus se celebre una fiesta particular para honrar mi corazón, comulgando en dicho día y reparando las ofensas que he recibido en el augusto sacramento del altar. Te prometo que mi corazón derramará en abundancia las bendiciones de su divino amor sobre cuantos le tributen este homenaje y trabajen en propagar aquella práctica".

            Santa Margarita entiende bien el mensaje que debe transmitir a todos de parte de su divino Salvador. "Entonces yo (cuenta ella misma en su carta 103), postrándome en tierra, le dije con Santo Tomás: Señor mío y Dios mío". Era la respuesta de la profunda humildad, que aceptaba sin condiciones los planes divinos, y de una generosidad heroica que se entregaba a realizarlos.

            El mensaje de Margarita suscitó tempestades de contradicción, y luchas enconadas. Así como iba suscitando en ella una espiritualidad más torturante todavía, por la necesidad de salvar a los hermanos, y agraviar así los pecados cometidos contra Dios.

            Este anhelo de heroísmo explica la mayor insistencia de Margarita en orar, trabajar, obedecer y sufrir por amor. Se consagra al Corazón de Jesús en una entrega absoluta y total, en una voluntad por "estar siempre unida a este divino corazón, y amarle con total pureza". Graba sobre su propio corazón, con un cortaplumas, el nombre de Jesús. Y hace el voto de inmolarse perfectamente al Sagrado Corazón de Jesucristo, escribiendo una fórmula de 19 puntos, cuya sola lectura aterra a la naturaleza humana.

            Pocos meses después sufre con paciencia la marcha a Inglaterra de su director espiritual, San Claudio de la Colombiere, el cual le había impuesto la perfecta sumisión: ''Él me ha dicho que quiere aquí el sacrificio de mi vida". Acepta ese martirio y pide a la comunidad que le corrija sus faltas. Y así vive en adelante, deseando hacerse pedazos para glorificar a Dios y salvar a los hombres, contrarrestando la obra destructora del pecado. Ésa fue su vocación singular.

            En junio de 1690 la nueva superiora le prohíbe la Hora Santa y todas sus austeridades. Margarita se somete dulcemente como siempre, pero se dice para sí misma: "Ya no viviré mucho, porque ya no sufro".

            El 2 de julio, fiesta de la Visitación, comienza un retiro interior que ha de durar 40 días, porque quiere "estar preparada para comparecer ante la santidad de Dios". El 8 de octubre se siente acometida por una fiebre que la obliga a guardar cama, aunque el médico no le da importancia especial. Ya había confesado otras veces que para las enfermedades de Margarita, ocasionadas por la fuerza del divino amor, no encontraba remedio.

            Pasan pocos días. Una de las hermanas conoce que Margarita sufre extraordinariamente y muestra deseos de aliviarla. "Muchas gracias (responde la enferma), pero son muy cortos los instantes de vida que me restan para desperdiciarlos. Sufro mucho, mas no lo bastante para satisfacer mis ansias de padecer".

            Pasan 2 días más. Pide a su superiora el viático, mas no se lo concede, por creer que no se trata de una enfermedad grave. Margarita no insiste, pero el 16 por la mañana, estando aún en ayunas, manifiesta deseos de comulgar, y hace intención de recibir a Jesús como viático para el gran viaje. Al atardecer empeora, y deciden velarla por la noche. Así hubo testigos de las jaculatorias que le inspiraban su impaciente deseo por abismarse en el Corazón de Jesucristo.

            Persevera hasta el fin en su función de víctima. A la mañana siguiente parece sentir por unos instantes el peso abrumador de la santidad de justicia, ofendida por los pecados. Es el pavor de Getsemaní: "¿Me salvaré, me condenaré?". Lo que le hace clamar: "Misericordia, Dios mío".

            Y horas después, rodeada de la comunidad, mientras el capellán le administra la santa unción, pronuncia en un supremo esfuerzo el nombre de Jesús, y en ella se cumple lo que tantas veces había repetido: "¡Qué dulce es morir, después de haber tenido una tierna y constante devoción al Corazón de Aquel que nos ha de juzgar!".

            Era el 17 octubre 1690. Pronto corrió por aquella pequeña ciudad, con inmensa conmoción y edificación de todos, la noticia de que había muerto la santa.

            Margarita fue canonizada por Benedicto XV el 13 mayo 1920. Poco después, León XIII consagra todo el género humano al Corazón de Jesús. Pío XI reproduce en la encíclica Miserentissimus la doctrina de Santa Margarita acerca de la reparación y de la consagración personal. Pío XII, en su Haurietis Aquas, vuelve a presentarla como confidente del divino Redentor para divulgar la devoción a su Corazón Sagrado.

            Precisamente de esta inutilidad se sirvió nuestro Señor para demostrar al mundo que el establecimiento de la devoción a su Corazón Sagrado no se funda en cualidades humanas, sino, en la Providencia divina.

            Procedente de Paray le Monial, la devoción al Corazón de Jesús se extendió por las comunidades salesas de Dijon, Moulins y Seamur, llegando enseguida a Lyon y Marsella. Poco después da el salto a Inglaterra, y aviva allí los gérmenes sembrados por San Claudio de la Colombiere. Y a través de una circular (de la superiora de Dijon), la devoción traspasa los muros de 143 monasterios de la Visitación.

            El fuego divino va conquistando Francia, Saboya, Italia, Bolonia, Borgoña, Canadá... y varios obispos permiten en sus diócesis una misa propia al respecto. Circulan algunos libros y miles de estampas, y las confidencias del Divino Corazón a Margarita (y de ésta a su director) empiezan a resonar en los oídos de los seglares.

            La 1ª fiesta del Corazón de Jesús (21 junio 1075, viernes siguiente a la infraoctava del Corpus) empieza a repetirse a lo largo de los años siguientes. Y el cuadro del Corazón de Jesús, dibujado a tinta sobre papel por Santa Margarita en 1685, empieza a reproducirse en miles de cuadros de devoción al Corazón de Jesús.