12 de Octubre

Virgen del Pilar

Fermín Izurdiaga
Mercabá, 12 octubre 2021

            Iba el almirante Colón navegando a través de aquellas 60 vacías singladuras, ensimismado en el paisaje de aquellas aguas y estrellas del Atlántico. Y los hermanos Pinzón tejiendo trampas y trifulcas al almirante, a través de la fatiga y descontento de la tripulación. Pero Colón seguía adelante, con sus corazonadas de conquistar nuevas tierras para la fe católica de España y bajo el regazo de la Biblia. Navegaba hacia la desesperación, y detrás de cada ola crecía la tentación de volver a España.

            De pronto, aparecen sobrevolando sobre aquellas 3 carabelas unos pájaros, aparentemente papagayos y grullas que enhebran, con las agujas de los mástiles y el hilo de oro del sol, un soneto a la esperanza. El mar está en calma, y de pronto se oye a plena voz la Salve marinera, cantada por la misma tripulación española.

            El almirante Colón, vestido de negra ropilla penitente, agarra entre sus manos el gobernalle, y sube corriendo a popa. Y lo que allí experimenta le lleva a ponerse de rodillas, y de súbito, a rezar. Pero no puede rezar, porque sus labios se aferran a una sola palabra: "¡Tierra!". Después se pone a temblar, y una lágrima cristiana cae por sus pupilas, mientras éstas se extasían en aquella la lejana frontera que se divisa entre el cielo y las aguas: ¡América!

            El reloj apunta las 02.00 h. de la madrugada. Y el morterazo y los gritos no cesan de sonar: "¡Tierra a la vista!". Rodrigo de Triana, como el bello arcángel de la Anunciación, certifica el milagro del descubrimiento de América.

            Todo es algarabía, abrazos y canciones en las carabelas de Colón, mientras los tamboriles hispanos rizan una bella una oración: "Bendita sea la luz, bendita la santa cruz y el Señor de la verdad, y la santa Trinidad. Bendito sea este día, y el Señor que nos lo envía". En el Diario de Colón se describe esta noticia del descubrimiento, y del 1º encuentro entre España y América:

"Para que los indígenas nos tuvieran amistad, y se convirtieran a nuestra fe por el amor y no por la fuerza, yo les di bonetes colorados y cuentas de vidrio, que se ponían al cuello, con lo que habían mucho placer y quedaron tan nuestros que era maravilla".

            La carta está fechada el 12 octubre 1492, el mismo día que la España católica, en aquella tierra de misión, comenzó a honrar a su patrona de los cielos, Santa María del Pilar. ¿Coincidencia? Pues este descubrimiento parece coincidir con otra historia de un estupendo prodigio, acaecido en las aguas del Ebro de Zaragoza, 15 siglos atrás.

            Se trata de un relato que recoge las últimas páginas del Códice de los Morales (del s. VII) del papa San Gregorio I Magno, y que también puede leerse en los Archivos de Zaragoza, como posible añadidura del obispo Tajón de Zaragoza, hacia el 631.

            En efecto, dicen dichas crónicas del 631 que "Santiago el Mayor vino a España para anunciar la nueva ley de Jesucristo, cumpliendo el mandamiento que el Señor hiciera a los Doce en su última aparición de resucitado: Predicad el evangelio a todas las gentes del mundo".

            El escritor anónimo inicia su narración dramatizando un coloquio de despedida entre la Virgen y el apóstol, que resulta poco verosímil; y después nos describe la llegada a España, por Asturias; sus viajes misioneros en Galicia; siguiéndole todo su itinerario hasta la España Menor, que es el reino aragonés, que se llama Celtiberia.

            Dos videntes extraordinarias, las venerables Agreda y Emmerich, coinciden en ver a Santiago partir de Jaffa, tocar Cerdeña y desembarcar en Cádiz (o Cartagena), para comenzar desde allí la evangelización de España. La madre Agreda coloca en Granada un aprieto de muerte para el apóstol, acorralado por sus enemigos, del que le salva la Virgen María viniendo personalmente en su socorro.

            Pero situémosle ya, con el Códice Gregoriano, en Zaragoza, donde no le acompaña la fortuna en sus trabajos apostólicos: "Aquí predicó muchos días, logrando convertir para Cristo a ocho hombres". ¡Menguada pesca para aquel marino del mar de Tiberíades que había tocado con sus manos las redes abarrotadas de Pedro en aquella pesca milagrosa! Y, cosa muy natural, le rinde el desaliento a Santiago.

            Ya se presiente el prodigio. Porque la humilde Virgen María, tierna madre de la Iglesia, que Santiago dejara en Jerusalén, está allí en las aguas del Ebro de Zaragoza, palpitante, viva y hermosísima, bendiciéndole y hablándole de esta manera:

"He aquí, hijo mío Santiago, el lugar de mi elección. Mira este pilar en que me asiento, enviado por mi Hijo y Maestro tuyo. En esta tierra edificarás una capilla. Y el Altísimo obrará, por mí, milagros admirables sobre todos los que imploren, en sus necesidades, mi auxilio. Este pilar quedará aquí, hasta el fin de los tiempos, para que nunca le falten adoradores a Jesucristo".

            Así, tan sencillamente termina el relato de la aparición de María, en su carne mortal, al apóstol Santiago, en Zaragoza.

            Cuando, en nuestro tiempo, aquel reducido oratorio, edificado por los primeros creyentes, se ha convertido en un suntuoso templo de la hispanidad, abrir este interrogante de duda suena a herejía intolerable. Pero acaso sea mejor que la crítica de dentro y de fuera de España haya cribado rigurosamente tan entrañable suceso. Si se niega la evangelización de España por Santiago el Mayor, nada puede quedar de esta prodigiosa venida de la Virgen, ni de su celeste regalo de la columna. Veamos.

            Desde el 855, las pruebas en favor de la venida de Santiago a España son abrumadoras. Y piadosas donaciones que se hacen "a Santa María la Mayor de Zaragoza". La bula del papa Gelasio II concediendo indulgencias para reconstruir el templo, derruido por los musulmanes; Inocencio I, Eugenio III y Alejandro III, que acogen advocación y culto bajo su papal amparo.

            Los Alfonsos (reyes castellanos), los Jaimes (reyes aragoneses), los Sanchos (reyes navarros), los Berengueres (condes de Barcelona), multitud de obispos y fieles distinguidos... todos tuvieron a honra extender privilegios y legados, cubrir de magníficos dones esta angélica capilla, raíz y decoro de España.

            Por último, la actitud oficial de la santa Iglesia. En las lecciones del Breviario Romano para este día acepta como "piadosa y antigua tradición" la visita de María a Santiago. Clemente XII concede el rezo de su oficio litúrgico, señalando la fecha del 12 de Octubre. Pío VII lo eleva al rango de "primera clase con octava" para el reino de Aragón. Pío IX extiende a todas las diócesis de España el privilegio del oficio y de la misa del Pilar.

            Y Pío XII, en una comunicación de la Sagrada Congregación de Ritos (14 febrero 1958), concede a todas las iglesias y oratorios de España, Hispanoamérica e Islas Filipinas "la misa propia de la bienaventurada Virgen María del Pilar". Fue el proceder litúrgico de la Iglesia de Roma, como testimonio de reconocimiento de la visita de la Virgen a España, para animar los trabajos apostólicos del apóstol Santiago.