11 de Octubre

San Juan XXIII papa

Consuelo Lozano
Mercabá, 11 octubre 2021

            Nació en 1881 en Sotto il Monte (Bérgamo), con el nombre de Angelo. Fue el 4º de 13 hermanos, en una familia Roncalli que vivía del trabajo del campo, al estilo patriarcal. A su tío Zaverio atribuirá Angelo su 1ª y fundamental formación religiosa, así como al clima fervoroso parroquial la escuela que marcó su fisonomía espiritual.

            Recibió la confirmación y 1ª comunión en 1889, y en 1892 ingresó en el Seminario de Bérgamo, donde estudió hasta 2º Teología. Allí empezó a redactar sus apuntes espirituales, que escribiría hasta el fin de sus días y que han sido recogidos en el Diario del Alma. En 1896 su director espiritual (del Seminario de Bérgamo) lo animó a entrar en la Orden Franciscana Seglar, y en ella profesó en 1897.

            De 1901 a 1905 fue alumno del Seminario Pontificio de Roma, gracias a una beca de la diócesis de Bérgamo. En este tiempo hizo, además, un año de servicio militar. Fue ordenado sacerdote en 1904, en Roma. En 1905 fue nombrado secretario del nuevo obispo de Bérgamo (mons. Radini), cargo que desempeñó hasta 1914, acompañando al obispo en las visitas pastorales y colaborando en múltiples iniciativas apostólicas (sínodo, redacción del boletín diocesano, peregrinaciones u obras sociales).

            A la vez que todo eso, era Angelo profesor de Patrología y Apologética en el Seminario de Bérgamo, asistente de la Acción Católica femenina, colaborador en un diario católico y predicador muy solicitado por su elocuencia elegante, profunda y eficaz.

            En aquellos años, además, ahondó en el estudio de 3 grandes pastores: San Carlos Borromeo (de quien publicó las Actas de la visita apostólica realizada a la diócesis de Bérgamo, en 1575), San Francisco de Sales y San Gregorio Barbarigo. Tras la muerte de mons. Radini (ca. 1914) don Angelo prosiguió su ministerio sacerdotal dedicado a la docencia en el seminario y al apostolado, sobre todo entre los miembros de las asociaciones católicas.

            Cuando Italia entra en la I Guerra Mundial, en 1915, Angelo fue llamado a filas como sargento sanitario y capellán militar de los soldados heridos que regresaban del frente. Al final de la guerra abrió la Casa del Estudiante y trabajó en la pastoral de estudiantes, y ese mismo 1919 fue nombrado director espiritual del Seminario de Bérgamo.

            En 1921 empezó la 2ª parte de la vida de Roncalli, dedicada al servicio de la Santa Sede. Llamado a Roma por Benedicto XV como presidente para Italia del consejo central de las Obras Pontificias para la Propagación de la Fe, recorrió Roncalli muchas diócesis de Italia, organizando círculos de misiones. En 1925 Pío XI lo nombró visitador apostólico para Bulgaria, y lo elevó al episcopado al asignarle la sede titular de Areópoli. Su lema episcopal, programa que lo acompañó durante toda la vida, pasó a ser "Obediencia y Paz".

            Tras su consagración episcopal en Roma (ca. 1925), inició Roncalli su ministerio en Bulgaria, donde permaneció hasta 1935. Visitó las comunidades católicas y cultivó relaciones respetuosas con las demás comunidades cristianas. Actuó con gran solicitud y caridad, aliviando los sufrimientos causados por el terremoto de 1928. Sobrellevó en silencio las incomprensiones y dificultades de un ministerio marcado por la táctica pastoral de pequeños pasos. Afianzó su confianza en Jesús crucificado y su entrega a él.

            En 1935 fue nombrado delegado apostólico en Turquía y Grecia. Era un vasto campo de trabajo. La Iglesia Católica tenía una presencia activa en muchos ámbitos de la joven república, que se estaba renovando y organizando. Mons. Roncalli trabajó con intensidad al servicio de los católicos y destacó por su diálogo y talante respetuoso con los ortodoxos y con los musulmanes.

            Cuando estalló la II Guerra Mundial se hallaba Roncalli en Grecia, un país devastado por los combates. Procuró dar noticias sobre los prisioneros de guerra y salvó a muchos judíos con el visado de tránsito de la delegación apostólica. En diciembre de 1944 Pío XII lo nombra nuncio apostólico en París.

            Durante los últimos meses del conflicto mundial, y una vez restablecida la paz, ayudó Roncalli a los prisioneros de guerra, y trabajó en la normalización de la vida eclesiástica en Francia. Visitó los grandes santuarios franceses y participó en las fiestas populares y en las manifestaciones religiosas más significativas.

            Fue un observador atento, prudente y lleno de confianza en las nuevas iniciativas pastorales del episcopado y del clero de Francia. Se distinguió siempre por la búsqueda de la sencillez evangélica, incluso en los asuntos diplomáticos más intrincados. Y procuró actuar como sacerdote en todas las situaciones. Animado por una piedad sincera, dedicaba todos los días largo tiempo a la oración y la meditación.

            En 1953 fue creado cardenal, y enviado a Venecia como patriarca. Allí trató de ser para todos un pastor sabio y resuelto, a ejemplo de los santos a quienes siempre había venerado, como el 1º patriarca de Venecia San Lorenzo Justiniano. Y tras la muerte de Pío XII, fue elegido Roncalli papa el 28 octubre 1958, y no dudó en adoptar el nombre de Juan XXIII.

            Su pontificado, que duró menos de 5 años, trató de presentar ante el mundo la viva imagen del Buen Pastor. Manso y atento, emprendedor y valiente, sencillo y cordial, practicó Juan XXIII las obras de misericordia corporales y espirituales, visitando a los encarcelados y a los enfermos, recibiendo a hombres de todas las naciones y creencias, y cultivando un exquisito sentimiento de paternidad hacia todos. Su magisterio, sobre todo sus encíclicas Pacem in Terris y Mater et Magistra, fue muy apreciado.

            Convocó un Sínodo Romano, instituyó una comisión para la revisión del Código de Derecho Canónico y convocó el Concilio ecuménico Vaticano II. Visitó muchas parroquias de su diócesis de Roma, sobre todo las de los barrios nuevos. La gente vio en él el reflejo de la bondad de Dios, y empezó a llamarlo "el papa bueno", aunque él prefiriese sostenerse en un profundo espíritu de oración. Su persona, iniciadora de la gran renovación eclesial, irradiaba la paz propia de quien confía siempre en el Señor. Falleció la tarde del 3 junio 1963.