10 de Enero

Lunes I Ordinario

Equipo de Liturgia
Mercabá, 10 enero 2022

a) 1 Sm 1, 1-8

          Durante las 5 semanas siguientes meditaremos la historia de David, precedida de la de Samuel (que comienza hoy, con el relato de sus padres). En el desarrollo de la historia de Israel, estamos en un período de estabilización, aunque con ciertos conflictos con los filisteos (que impiden a los hebreos expandirse hacia el mar) y los jebuseos (que controlan Jerusalén). No obstante, el proyecto de Dios con su pueblo Israel va realizándose a través de esos acontecimientos ambiguos. Veámoslos.

          La madre de Samuel vive en un clima de extrema pobreza humana, hacia el año 1.000 a.C. Ana, mujer de Elcaná, es estéril, y esto crea ya una atmósfera de frustración dolorosa. A lo que había que sumar la poligamia de aquel tiempo, que refuerza el infortunio de la pobre Ana (pues su rival Penina, con sus afrentas diarias, mantiene el clima de angustia, apenas sostenible). Y en tal contexto, ¿cómo no dudaría una mujer del amor de su marido hacia ella? El hogar mismo está herido.

          Sí, la moral es muy baja en esa casa, y el pobre Elcaná no sabe como ayudar a su mujer. Quisiera hacerlo, pero es torpe y no sabe hacerlo, aparentemente. No obstante, ahí se lo suelta: "Ana, ¿por qué lloras y no comes? ¿Por qué estás triste? ¿Es que no soy para ti mejor que diez hijos?".

          En esa situación de extrema pobreza espiritual, Ana escucha a su marido, y descubre la maravilla del amor de Dios para con ella. Y gracias a que el matrimonio ha sabido sufrir en común, obtendrán en común la recompensa: Samuel. Señor, como la madre de Samuel, me remito a tu amor. Ayúdanos, Señor, a asumir todos los acontecimientos de nuestras vidas.

Noel Quesson

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          Entre hoy y los 3 días siguientes leeremos enteros los 3 capítulos que forman el relato del nacimiento y la vocación de Samuel, si exceptuamos el Cántico de Ana, que con razón utiliza la liturgia como cántico o salmo responsorial (pues originariamente se refería a un rey, mientras aquí la acción se supone que pasa cuando "no había rey en Israel, y hacía cada uno lo que le parecía bien"; Jc 17,6; 21,25).

          De las 4 etapas redaccionales de los libros I y II de Samuel, la historia de la infancia del profeta pertenece probablemente a la última, los tiempos finales de la monarquía, cuando la suerte del Templo de Siló era en boca de los profetas motivo de exhortación (para no fiarse del Templo de Jerusalén) y conversión.

          La historia de hoy ha sido colocada delante del ciclo de tradiciones relativas a Samuel. Tal era el sentido de las biografías paganas, que narraban infancias extraordinarias dando por adelantado una síntesis explicativa de aquello que el personaje estaba llamado a ser.

          No obstante, mientras en las biografías paganas se quería indicar el presagio fatalista del futuro, en los relatos bíblicos se proclama la libre iniciativa de Dios, que dirige el curso de la historia, rompe situaciones que parecían sin salida, y abre nuevos caminos a su pueblo por medio de un escogido suyo.

          Esta iniciativa todopoderosa de Dios es especialmente subrayada por el tema del nacimiento prodigioso de los escogidos por Dios, de madre estéril (Isaac, Sansón, Juan Bautista) o salvados providencialmente de la muerte (Moisés). Así, pues, Dios no necesita esperar que aparezca el hombre idóneo, sino que lo crea, y lo hace milagrosamente para que la gente se pregunte qué querrá hacer Dios de él. El escogido hace su papel, para dejar paso a Dios en todo lo que haya de venir.

          Por otra parte, el Templo de Siló significa una etapa intermedia en la historia de las presencias divinas, entre la Tienda del Exodo y el Templo de Salomón. Y guarda el Arca de la Alianza, símbolo de la confederación de las tribus israelitas.

          Los cap. 1-3 del libro I de Samuel son ricos en detalles de expresividad ingenua, y a la vez realista sobre la religión de Israel en tiempos remotos: peregrinaciones (seguramente la Fiesta de las Tiendas), banquetes sagrados, un sacerdocio no exclusivamente levítico (admitiendo al efraimita Samuel) y unos sacerdotes que escandalizan al pueblo.

          La pureza del yahvismo se vela por el contacto con los cultos paganos de Canaán, y la fiesta en honor del Señor degenera a veces en orgía. Elí, que no sabe (o no puede) corregir los abusos de sus propios hijos, quiere reprimir los excesos de la piedad popular, y recrimina a aquella mujer (Ana) que él cree ebria.

          Pero cuando la pobre Ana le ruega humildemente que no la confunda con una perdida ni con una de aquellas desvergonzadas (con que yacían los hijos de Elí; 1Sm 2, 22), y "derrama su alma afligida" (magnífica definición de la plegaria) ante el sacerdote (tal como lo había hecho ante Dios), Elí se inclina ante aquella religiosidad tan auténtica del pasado, y la bendice con su palabra sacerdotal eficaz. Elí recobra así la esperanza, mediante la fe de Ana, y Ana acepta la mediación de Elí.

Hilari Raguer

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          En los años pares que hoy iniciamos, leeremos durante 5 semanas los libros históricos del AT, empezando por los de Samuel y siguiendo por los de Reyes. Se trata de una 1ª aproximación a la historia de Israel, que abarca el inicio de la monarquía (con Saúl), y llega hasta el cisma de las tribus del norte (a la muerte de Salomón).

          Durante estas 5 primeras semanas van a desfilar en nuestras lecturas personas como Samuel, Saúl, David y Salomón, que marcaron la historia de Israel y que nos pueden dar lecciones con su actuación (a veces buena y otras deficiente). El ver cómo el pueblo de Israel, el pueblo elegido, fue respondiendo (o no) a la Alianza con su Dios, será como un espejo en el que mirarnos nosotros, el nuevo pueblo elegido de la Iglesia.

          El texto de hoy inicia el Ciclo de Samuel, un personaje que vivió 1.000 años a.C y que iba a tener mucha influencia en la historia del pueblo judío, como el último de los jueces (que Dios puso al frente de su pueblo) y como el fundador de la monarquía judía.

          La escena es muy propia de la vida familiar: Ana, una de las 2 mujeres de Elcaná, es estéril, y eso la hace totalmente infeliz. Llora desconsolada (a pesar del afecto de su marido), y se siente marginada y fracasada (a consecuencia de los improperios de su rival Penina).

          El salmo responsorial de hoy nos presenta una actitud de súplica ante Dios, un "sacrificio de alabanza" y unos votos que se ofrecen en el atrio de la casa del Señor. Y resalta la actitud de esta buena mujer, Ana, que visita el templo para impetrar la ayuda de Dios en su desgracia.

          Para realizar sus planes de salvación, parece que Dios tiene particular gusto, a lo largo de la historia, en elegir a personas que humanamente parecen poca cosa (en este caso, la esterilidad), pues lo que humanamente parece imposible, para Dios no lo es. Así se ve mejor que es Dios quien salva, y no las cualidades y las iniciativas humanas. En la vida el que más bien hace no es siempre el más brillante, sino el que sabe ser mejor instrumento en las manos de Dios.

          También hoy, en nuestras actividades y proyectos, haríamos bien en poner nuestra confianza más en la fuerza de Dios que en nuestras pedagogías y trabajos (que, por otra parte, hemos de poner en marcha con decisión). Eso nos llevaría a no enorgullecernos demasiado si vienen éxitos. Y a no desanimarnos en exceso si fracasamos después de haber puesto toda nuestra buena voluntad en la tarea.

          Así fue cómo a Ana y Elcaná les llegó el hijo deseado, y nada menos que Samuel, juez, profeta y sacerdote de Israel. En este s. XXI, Dios quiere seguir realizando cosas que a 1ª vista parecerían imposibles, como por ejemplo, suscitar vocaciones proféticas (como la de Samuel) para bien de un mundo desorientado. Si se lo pedimos con fe, como Ana, él estará deseando concederlo.

José Aldazábal

b) Mc 1, 14-20

          Durante las 9 primeras semanas del año hacemos la lectura continua del evangelio de Marcos, el 1º que se puso por escrito y el más corto de los evangelios. Los 13 primeros versículos, que no leemos aquí, porque se leyeron durante los domingos precedentes, relatan muy brevemente la predicación de Juan Bautista y el bautismo de Jesús, así como el retiro preliminar de Jesús en el desierto, donde fue tentado.

          "Después que Juan fue preso, Jesús marchó a Galilea, predicando la buena nueva de Dios". Jesús, humildemente sigue la predicación de Juan. Le ha dejado llegar hasta el final de su misión de precursor. A su desaparición, le llega a Jesús el turno de entrar en escena. ¿Sé yo dejar su lugar a los demás? Juan Bautista fue pues detenido y encarcelado. En esta situación dramática, cuando la Buena Nueva es un estorbo y los portavoces de Dios son mal vistos, es cuando Jesús comienza: ya puede prever lo que le esperará dentro de algunos meses.

          Y decía: "Los tiempos se han cumplido, y el reino de Dios está cerca. Arrepentíos y creed en la buena nueva". Voy a meditar pausadamente sobre estas 4 ideas.

          Jesús desde el principio se considera ser el término de todo el AT. El tiempo fijado por Dios para cumplir sus promesas ha llegado. Una nueva era comienza. Abraham, Moisés, David, los profetas... no eran más que una preparación, pues "Yo llego, cumplo, termino".

          Pretensión exorbitante. Se ha creído a veces poder soslayar la cuestión engorrosa que suscita la personalidad de Jesús, tratando de suprimir los milagros o de explicarlos humanamente. De hecho la conciencia que posee Jesús de su vinculación privilegiada con Dios está presente en todas las páginas del evangelio. Si se rehúsa admitir la divinidad de Jesús, no sólo se tendrán que romper algunas páginas molestas, sino que toda la trama del evangelio quedaría rota.

          "El reino de Dios está cerca" de esta humanidad a la que Jesús es enviado. Y es a partir de él que este reino, tan esperado, va a comenzar. Convertíos, pues, y cambiad de vida, porque el momento es urgente.

          "Creed la buena nueva", nos dice Jesús, porque lo que está aconteciendo es bueno, ¡es una alegre nueva! Marcos no intenta darnos una biografía real. Sabemos por el evangelio según san Juan que Jesús había ya encontrado esos mismos hombres a orillas del Jordán. Pero aquí Marcos quiere decirnos toda la importancia que, para Jesús, tienen los discípulos.

          Todavía no hemos visto a Jesús ante las muchedumbres, ni ante personas precisas. Estamos tan sólo en el v. 16 del evangelio, y he aquí que Jesús se rodea de 4 hombres, que no van a dejarle más, y que veremos siempre a su alrededor. Y son éstos más importantes, para Jesús, que el mismo entusiasmo de las gentes. Es la Iglesia, que se va preparando. Decididamente, este joven rabí se impone de entrada.

          ¿Y quién es este rabino, para tener tales pretensiones y tales exigencias? Parece saber muy bien lo que quiere. Por el momento no será un maestro intelectual reuniendo auditores para ir pensando con él. No, hay que seguirle para una acción, hay que trabajar en su obra, hay que ayudar a salvar a la humanidad.

Noel Quesson

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          Durante las primeras 9 semanas del tiempo ordinario proclamamos el evangelio de Marcos, que se lee el 1º entre los 3 sinópticos haciendo caso a los estudiosos actuales (que sitúan a Marcos como el evangelio más antiguo, y del que dependen en buena parte los otros 2, Mateo y Lucas). Se podría decir, por tanto, que Marcos es el inventor de ese género literario tan provechoso que se llama evangelio: no tanto historia ni novela, sino "buena noticia". Pudo ser escrito en los años 60, o, si hacemos caso de los Papiros de Qumram, incluso antes.

          Con un estilo sencillo, concreto y popular, Marcos va a ir haciendo pasar ante nuestros ojos los hechos y palabras de Jesús: con más relieve los hechos que las palabras. Marcos no nos aporta, por ejemplo, tantos discursos de Jesús como Mateo o tantas parábolas como Lucas. Le interesa más la persona que la doctrina. En sus páginas está presente Jesús, con su historia palpitante, sus reacciones, sus miradas, sus sentimientos de afecto o de ira.

          Lo que quiere Marcos, y lo dice desde el principio, es presentarnos "el evangelio de Jesús, el Mesías, el Hijo de Dios" (Mc 1, 1). Hasta que al final del mismo ponga, en labios del centurión, las mismas palabras con las que se empezó: "Verdaderamente, este hombre era Hijo de Dios" (Mc 15, 39).

          La página que escuchamos hoy narra el comienzo del ministerio de Jesús en Galilea, que ocupará varios capítulos. En los versículos anteriores (Mc 1, 1-13) nos hablaba de Juan el Bautista y del bautismo de Jesús en el Jordán. El mensaje que Marcos pone en labios de Jesús es sencillo, pero lleno de consecuencias: ha llegado la hora (kairós, en griego) y las promesas del AT se van a cumplir: "Está cerca el reino de Dios, convertíos y creed la buena noticia". Pues esa Buena Noticia que tiene que cambiar nuestra actitud ante la vida.

          Y en seguida empieza a llamar a discípulos: hoy a 4, dos parejas de hermanos. El relato es bien escueto, y sólo aporta 2 detalles: es Jesús el que llama, y los llamados le siguen inmediatamente, formando ya un grupo en torno suyo.

          Somos invitados a escuchar a Jesús, nuestro auténtico Maestro, a lo largo de todo el año, y a seguirle en su camino. Es la escuela de Jesús, y a ella somos invitados y convertidos, aceptando en nuestras vidas la mentalidad de Jesús. Si creyéramos de veras, como aquellos 4 discípulos, la Buena Noticia que Jesús nos anuncia también a nosotros, ¿no tendría que cambiar más nuestro estilo de vida?, ¿no se nos tendría que notar?

          "Convertíos y creed en la Buena Noticia". Convertirse significa cambiar, abandonar un camino y seguir el que debe ser, el de Jesús. Porque el mensaje de Jesús es radical, y no deja indiferentes.

          "Lo dejaron todo y le siguieron". Buena disposición la de aquellos pescadores. A veces los lazos de parentesco (son hermanos) o sociedad (son pescadores) tienen también su influencia en la vocación y en el seguimiento. Luego irán madurando, pero ya desde ahora manifiestan una fe y una entrega muy meritorias.

          "Lo dejaron todo y le siguieron". Jesús no es un maestro que enseña sentado en una cátedra. Es un maestro que camina por delante, y sus discípulos no son tanto los que aprenden cosas de él, sino los que le siguen, los que caminan con él. Es más importante la persona que la doctrina. Marcos no nos revela tanto qué es lo que enseñaba Jesús, sino quién es Jesús y lo que significa seguirle.

José Aldazábal

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          Los primeros discípulos de Jesús no pertenecían a la clase sacerdotal que controlaba el templo, ni al grupo de los fariseos o letrados (devotos de turno o teólogos juristas), ni a los saduceos, que conformaban la aristocracia terrateniente. Provenían de Galilea, una región mal vista por la ortodoxia judía (a la que llamaban "Galilea de los Paganos"), llena de gente descreída y propensa a revoluciones desestabilizadoras del orden establecido. Y eso, a la gente de bien, no les parecería lo más adecuado, a la hora de elegir a los futuros maestros de la religión.

          Jesús comienza llamando a 2 parejas de hermanos, pues el reino de Dios o Iglesia será una comunidad de iguales. Y los invita a seguirlo, para entregarles su Espíritu (como Elías invitó a Elíseo; 1Re 19,20). Cuando reciban el Espíritu (y el amor universal de Dios), quedarán capacitados para ser "pescadores de hombres", o lo que es igual, para llamar a todos sin distinción, para formar por todas partes una Iglesia que ha de ser una alternativa de sociedad (o una sociedad alternativa) dentro de este viejo mundo.

Emiliana Lohr

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          Marcos nos presenta, en apretada síntesis, la actividad de Jesús al comienzo de su ministerio: iba predicando por toda Galilea el "evangelio de la buena noticia": el tiempo ha llegado a su madurez, se ha cumplido el plazo anhelado, el "reino de Dios" está ya cerca, y es algo inminente.

          Jesús llamaba urgentemente a la conversión y a la fe en su predicación. Y también nos dice Marcos que, ya desde el principio, Jesús llamó a algunos discípulos a seguirle. Serán los testigos de su palabra y de sus milagros y terminará enviándolos a proclamar su mensaje, que ha llegado hasta nosotros, gracias a que ellos le fueron fieles.

          Juan el Bautista se encuentra prisionero en Maqueronte por orden de Herodes II de Judea (Herodes Antipas), gobernador de Galilea y Perea. El testimonio de vida de Juan y las denuncias que hizo de los abusos de la Corte trajeron como consecuencia su detención y posterior muerte. Pero el fruto principal de la actividad de Juan fue la preparación de un ambiente favorable a la acogida del mensaje de Jesús por las clases oprimidas del pueblo. Juan exigía el arrepentimiento y anunciaba la llegada de alguien muy superior a él.

          Jesús se dirige a Galilea (región campesina y comercial de Israel) y no a Jerusalén (centro político y espiritual del judaísmo). Se dirige a los últimos, y en estas circunstancias va descubriendo que las cosas no van como deberían. Va, pues, a Galilea, y allí comienzan a juntársele quienes descubren que tiene algo bueno que decir. Se acercan y siguen a este hombre, que les impacta con sus palabras.

          El texto nos cuenta el encuentro de Jesús con 2 parejas de hermanos que desempeñan el oficio de pescadores. Son gente humilde y campesina (y por tanto descontentas con el estado de cosas en que viven) que sin embargo se van con Jesús, viendo en él al Mesías esperado que liberaría al pueblo de sus dominadores. Y comienzan este caminar juntos en el anuncio del reino de Dios.

          También nosotros, ahora, hemos de escuchar el mensaje de Jesús: el reino de Dios está en medio de nuestra existencia, tenemos que descubrirlo y abrazarlo, convirtiéndonos a él, creyéndolo y proclamándolo. También nosotros somos discípulos llamados por Jesús; llevamos en nuestro corazón y en nuestros labios el testimonio de aquel que vino a anunciar la buena noticia del Reino.

Servicio Bíblico Latinoamericano