27 de Enero

Jueves III Ordinario

Equipo de Liturgia
Mercabá, 27 enero 2022

a) 2Sm 7, 18-19.24-29

           Cuando David se enteró por Natán de las promesas divinas, fue a presentarse "ante el Señor" y le dijo: "¿Quién soy yo, Señor, y qué es mi casa, para que me hayas hecho llegar hasta aquí?".

           De nuevo, nos encontramos con el tema "ante el Señor". David es un hombre de fe, y se mantiene "delante de Dios". El profeta acaba de cumplir su promesa (rechazo del templo y anuncio de un descendiente que "será un Hijo para Dios"), e inmediatamente David estalla de alegría, y de su corazón brota una oración de acción de gracias. Ayúdanos, Señor, a nosotros también, a saber interpretar los acontecimientos; ayúdanos a orar partiendo de las alegrías que nos llegan. Te alabo, Señor, por tantas alegrías.

           David repite, en el fondo, la palabra que Dios le había dirigido. Le ha recordado la pobreza de su origen de pastorcillo. David, a su vez, incorpora a la oración esa palabra de Dios: "Ahora, Señor, guarda siempre la promesa que has hecho a tu servidor y a su casa, y obra tal como has dicho".

           Como se ve, de lo que se trata es de repetir la palabra de Dios, pero en sumisión profunda a la voluntad divina. Ciertamente, en esto, David podía equivocarse gravemente si imaginaba que su dinastía conservaría, humanamente, siempre el poder, y que las herencias y las transmisiones de poder se llevarían a cabo sin problemas.

           De hecho, la promesa de Dios no se cumplió materialmente: tres hijos de David. Amón, Absalón y Adonías, morirán por la espada. desgarrándose los unos a los otros. Y a partir de la segunda generación, con los hijos de Salomón la dinastía davídica se dividirá en 2 reinos rivales antes de desaparecer. A través de las promesas humanas era pues preciso entender una promesa divina: el verdadero descendiente de David no es Salomón, sino Jesús. Pero eso será después de ¡tantos fracasos humanos! De eso y de una realeza sin gloria humana.

           El rey David reconoce la soberanía de Dios. No busca imponer a Dios sus propias voluntades, y después de haber expuesto sus deseos, se somete a lo contrario. Como decía Jesús, siguiendo a David, su antepasado: "Vuestro Padre sabe de qué tenéis necesidad" (Mt 6, 8). Nos es conveniente meditar hoy la Oración de David, y admirar su alma, porque mañana meditaremos otra de las realidad más humanas de David: su pecado.

Noel Quesson

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           Ciertamente, Dios no procede como proceden los hombres, y pesar de las miserias de David (que supo humillarse y pedir perdón) Dios no le retiró su favor, sino que lo bendijo y extendió sus promesas a sus descendientes.

           Dios nos conoce hasta lo más profundo de nuestro corazón, y ante él están patentes nuestras obras y hasta los más recónditos de nuestros pensamientos. Él sabe que somos frágiles, y cuando nos ve caídos espera nuestro retorno como un Padre amoroso, siempre dispuesto a perdonarnos.

           Pero esto no puede llevarnos a convertirnos en unos malvados (pensando que finalmente Dios nos perdonará), sino a vivir vigilantes para no alejarnos de Dios. Manifestemos continuamente nuestro amor a Dios, pidiéndole que nos fortalezca para permanecer fieles a su voluntad.

           Cuando Dios nos contemple siempre dispuestos a escuchar su Palabra y a ponerla en práctica, derramará su bendición sobre nosotros, nos llenará de su Espíritu y nos contemplará como a sus hijos amados. Y nos bendecirá con la más grande de las gracias que pidiéramos esperar: participar de su vida eternamente.

           ¿Cómo no vivir agradecidos con Dios cuando conociendo nuestra vida él nos ha amado y nos ha llamado para que seamos sus hijos? ¿Quiénes somos nosotros ante Dios? ¿Qué significamos para él? Si él nos amó primero, sea bendito por siempre.

José A. Martínez

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           En la preciosa oración que David dirige hoy a Dios se combinan a partes iguales la alabanza sincera ("que tu nombre sea glorificado por siempre") con la súplica interesada ("que la dinastía de tu siervo David se mantenga estable ante ti"). Y al final, da la impresión de que lo que verdaderamente le interesa a David es que Dios le prometa que dinastía va a perdurar en el tiempo.

           Quizás es una interpretación un poco desfigurada, pero no puedo evitar pensar de este modo cuando contemplo la actitud del actual Israel. Su conciencia de pueblo escogido lo ha convertido en un pueblo intolerante. ¿Es posible que la elección de Dios signifique la exclusión de todos los demás?

Gonzalo Fernández

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           Si ayer leíamos las palabras del profeta anunciando la fidelidad de Dios para con David y su descendencia, hoy escuchamos una hermosa oración de David, llena de humildad y confianza.

           David muestra aquí su profundo sentido religioso, dando gracias a Dios, reconociendo su iniciativa y pidiéndole que le siga bendiciendo a él y a su familia. Lo que quiere el rey es que todos hablen bien de Dios, que reconozcan la grandeza y la fidelidad de Dios: "Que tu nombre sea siempre famoso y que la casa de David permanezca en tu presencia".

           Ojalá tuviéramos nosotros siempre estos sentimientos de David, reconociendo la actuación salvadora de Dios: "¿Quién soy yo, mi Señor, para que me hayas hecho llegar hasta aquí?". Porque "tú eres el Dios verdadero, y tus palabras son de fiar". Por eso, "dígnate bendecir a la casa de tu siervo, para que esté siempre en tu presencia".

           ¿Son nuestros los éxitos que podamos tener? ¿Son mérito nuestro los talentos que hemos recibido? Como David, deberíamos dar gracias a Dios porque todo nos lo da gratis. Y sentir la preocupación de que su nombre sea conocido en todo el mundo. Que la gloria sea de Dios y no nuestra.

José Aldazábal

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           En el libro II de Samuel tenemos hoy una confidencia de Dios, en la que anuncia al pueblo elegido que a la Casa de David se dará descendencia por años sin término, colmando todas sus aspiraciones y esperanzas. Dios, que es amor y providencia, cuenta con ella para realizar sus designios de salvación de los hombres.

           El párrafo que David dedica al Señor, agradeciendo sus atenciones, es, por una parte, muy natural, pues ¿quién es tan ciego que no agradece el amor? Pero por otra tiene demasiados ribetes de interés personal, familiar y de pueblo. Y es que David no es un visionario que pueda atisbar en el horizonte mesiánico la categoría de lo que se le anuncia, ni la dignidad del Mesías Salvador que tomará carne en Jesús de Nazaret.

           Un rey ve, con preferencia a cualquier otra perspectiva, la continuidad política-histórica de su realeza, no considerando incluso las adversidades de todo acontecer humano pro prolongado que sea en los años. Un rey no tiene noticia muchas veces de otro reinado que es interior y exterior (juntamente), pero que debe estar impregnado de justicia, amor y paz (como el que ofrece Cristo a los corazones).

           Nosotros, en cambio, hijos de Dios e iluminados por la fe, hemos de espiritualizar todas nuestras acciones, realizándolas bajo el impulso de una Providencia que nos anima y nos dirige hacia Cristo, salvador y Señor.

Dominicos de Madrid

b) Mc 4, 21-35

           El evangelista Marcos nos ha conservado algunas palabras de la predicación de Jesús, como las que escuchamos hoy. Jesús, a veces, hablaba enigmáticamente, para que lo que decía se quedará grabado más firmemente en la memoria de sus oyentes (que tenían que hacer entonces un esfuerzo de comprensión). Pues ¿qué significa, por ejemplo eso de que "quien tenga oídos para oír que oiga"? ¿Acaso no es lo normal? Pero es que no se trata sólo de oír con los oídos; hay que estar disponibles para comprender y asimilar lo que se escucha.

           Jesús ilustra hoy, en comparación con el reino de Dios, el uso que debe dársele a una lámpara, la cual no ha de esconder su luz sino desgastarse para bien de los demás, silenciosamente y evitando cualquier tipo de sensacionalismo que desvirtúe toda la bondad que prodiga.

           Como siempre, la tentación de la vanidad y la falsa humildad son una misma cosa, y se hace prioritario juntar entrega silenciosa con testimonio, sin caer en el engaño de que el silencio es carencia de testimonio. Esto es lo que pasa con el Reino mal entendido, que hace cristianos aparentemente humildes, pero pusilánimes y anuladores del testimonio.

           Jesús se experimenta como una lámpara que se consume entregándose en el servicio de una causa para los demás. En esta parábola narra la experiencia de su proceso interior: cómo hizo él para ser humilde sin anular su testimonio. Y nos enseña de qué manera hay que dar el paso para que el Reino nos penetre y ayude a aceptar sus consecuencias.

           Aclara también la parábola que el reino de Dios no es esconderse o recurrir a la falsedad, porque nos tocará dar testimonio tarde que temprano. Este problema de anularse y tener que aparecer a la vez con su testimonio lo resuelve de una sola manera: transparentando al Padre como una luz.

           El testimonio es la entrega propia para que otro viva; consumirse ayudando a otros para que tengan vida, no escondiéndose, sino entregando su vida por una causa. Si no hay entrega no se puede pedir a otros que se entreguen, porque el Reino pleno se hace con la entrega de los unos y los otros. Dios sólo le da al que se está consumiendo. A quien así lo hace no le faltará ni humanidad, ni plenitud. Quien no se entrega se empobrece y se anula por sí solo.

Emiliana Lohr

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           El evangelio de hoy, en su brevedad, trae 2 temas: el carácter de la enseñanza de Cristo, y una advertencia sobre nuestro modo de medir a los demás.

           Lo oculto saldrá a luz, nos dice la 1ª enseñanza de Jesús. Y es que nuestra religión no es ocultista ni se goza en lo oculto, sobre todo en una época en que los saberes esotéricos y ocultos gozan de lamentable popularidad, buscando enseñanzas milenarias y ritos complicados.

           Alguien podrá objetar diciendo que son muchos los misterios inescrutables de la fe cristiana (como la eucaristía, encarnación...). Mas hemos de entender que un misterio no es algo que no puede ser pensado, sino algo que es inagotable para nuestro pensamiento. No hay aquí nada esotérico, pues el Dios que ha querido revelarse no ha cambiado su opinión, pretendiendo ahora que no le conozcamos.

           El 2º tema del evangelio es aquello de la medida, y viene a decir que seremos medidos con nuestras mismas medidas. Una advertencia seria, si pensamos en lo duros que solemos ser para juzgar de los otros.

           Puede iluminarnos en este sentido lo que dice el apóstol Santiago en otro lugar: "Hermanos, no habléis mal los unos de los otros. El que habla mal de un hermano o juzga a su hermano, habla mal de la ley y juzga a la ley. Y si tú juzgas a la ley, no eres cumplidor de la ley, sino juez de ella" (St 4, 11).

           El razonamiento del apóstol nos puede sonar extraño, pero quizás podemos entenderlo mejor si miramos las cosas de esta manera: cuando haces lo que se te ha dicho que no hagas te sitúas por encima de la autoridad de quien te mandó que no lo hicieras. Esto es lo que él llama "juzgar la ley", cosa que en últimas significa conculcar la potestad del Autor de la ley.

           Algo así podemos aprender del evangelio de hoy: al juzgar al hermano ocupo el lugar de Dios, o por lo menos pretendo que Dios piense y obre como yo. Cuando hago a Dios a mi medida lo menos que puedo esperar es que ese nuevo dios obre también conmigo como yo pretendo que obre con los demás. Por eso Jesús nos advierte que tal proceder es inicuo, y sólo acarrea nuestra propia ruina.

Nelson Medina

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           Hoy Jesús nos explica el secreto del Reino. Incluso utiliza una cierta ironía para mostrarnos que la energía interna que tiene la Palabra de Dios (la suya propia), y la fuerza expansiva que debe extenderse por todo el mundo, es como una luz, y que esta luz "no puede ponerse debajo de un celemín, ni de un colchón" (Mc 4, 21).

           ¿Os imagináis una vela encendida debajo de una cama? Pues así estamos hoy los cristianos, con la luz apagada, o con la luz encendida pero ¡prohibiéndole iluminar! Esto sucede cuando no ponemos al servicio de la fe la plenitud de nuestros conocimientos y de nuestro amor. Lo cual resulta antinatural: ¡vivir bajo la cama! Ridícula y trágicamente inmóviles: autistas del espíritu.

           El evangelio es un arrebato de Dios que quiere comunicarse, que necesita decirse, que lleva en sí una exigencia de crecimiento personal, de madurez interior, y de servicio a los otros. "Si dices basta, estás muerto", dice San Agustín.

           "Quien tenga oídos para oír, que oiga", decía Jesús. Así como también les decía: "Atended a lo que escucháis" (Mc 4, 23-24). Pero, ¿qué quiere decir escuchar?, ¿qué hemos de escuchar? Es la gran pregunta que nos hemos de hacer. Es el acto de sinceridad hacia Dios, que nos exige saber realmente qué queremos hacer. Y para saberlo hay que escuchar: es necesario estar atento a las insinuaciones de Dios.

           Hay que introducirse en el diálogo con él. Y la conversación pone fin a las matemáticas de la medida: "Con la medida con que midáis, se os medirá y aun con creces". Porque "al que tiene se le dará, y al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará" (Mc 4, 24-25). Los intereses acumulados de Dios nuestro Señor son imprevisibles y extraordinarios. Ésta es una manera de excitar nuestra generosidad.

Angel Caldas

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           Los enigmáticos dichos de hoy Jesús nos hablan de ocultar y descubrir, de esconder y encontrar, como la lámpara que no se mete debajo de la cama, sino que se pone en un lugar donde pueda esparcir su luz. Y es que hay muchas cosas malas y ocultas en nuestro mundo, que deben ser descubiertas, denunciadas (injusticias, atropellos, desapariciones, torturas o acaparamientos).

           Nuestra voz de cristianos debe revelar todo eso, y la Iglesia denunciarlas. También hay muchas cosas buenas ocultas que brillarán por sí mismas, como una lámpara sobre el candelabro: la solidaridad entre los pobres, las luchas por la liberación, el cuidado de los más débiles: los niños, los enfermos, los ancianos; la ternura y la fidelidad de los esposos, la abnegación de los padres y la educación de los que no saben.

           Tantas cosas buenas ocultas que brillarán en medio de las tinieblas de nuestro mundo. Es fácil aceptar y comprender el dicho de Jesús: "La medida que ustedes usen la usarán con vosotros". Así funciona a veces nuestra sociedad, que no pare de decir "ojo por ojo y diente por diente", o "el que la hace, la paga".

           Pero lo que enseguida añade Jesús es desconcertante. ¿Cómo es eso de que "al que tiene se le dará y al que no tiene se le quitará aún lo que tiene"? ¿No es eso injusto? Pero es que hay formas de tener. Si uno tiene capacidad de compartir, por ejemplo, todo eso mismo Dios le dará con creces.

           Pero si uno está lleno de egoísmo y de codicia, de malignidad y de orgullo, de indiferencia y dureza de corazón, cosechará en su vida de esa maldad acumulada y de sus consecuencias. Por eso a todos nos llama Jesús a la conversión: "Atención a lo que estáis oyendo".

Conrado Bueno

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           Hoy Marcos nos presenta otra forma de parábolas de las que contaba Jesús. Se trata de dichos enigmáticos, verdaderas adivinanzas que hay que saber interpretar. Por eso el Señor nos advierte: "El que tenga oídos para oír, que oiga!", y "atención a lo que estáis oyendo".

           El evangelio, o buena noticia de Jesús, ha de ser proclamado a los 4 vientos, debe iluminar nuestras vidas y la de nuestros hermanos, y no lo podemos dejar oculto en algún recoveco de la memoria o del corazón. Las medidas de Dios no son como nuestras medidas, y sus cálculos no son los nuestros. No se trata de tener riquezas, honores o poder, pues todo eso nos quitará algún día. En cambio, si tenemos amor, solidaridad y capacidad de servicio, Dios nos dará todavía más, y así podremos ser felices.

           En este mundo dominado por la codicia de unos pocos, que no se cansan de acumular y derrochar riquezas, las parábolas de Jesús son una seria advertencia. Nosotros los cristianos hemos de iluminar sus tinieblas de explotación y de egoísmo con la luz de la generosidad evangélica. Debemos descubrir y denunciar el terrible egoísmo, la monstruosa injusticia de esta civilización fundada sobre el egoísmo y la barbarie, debemos alzar muy alto la luz de la palabra del Señor, anunciándola y viviéndola con audacia y alegría.

Severiano Blanco

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           Jesús en este pasaje nos da 2 enseñanzas, la 1ª sobre nuestro ser cristiano (el cual debe notarse) y la 2ª sobre la caridad (y el respeto a los demás). Quisiera insistir en la 1ª que es la base para la 2ª, pues no basta ser bautizados, sino que dentro de nosotros se esconde un misterio que tiene que manifestarse a los demás.

           Dios ha puesto su Espíritu Santo y su Palabra, en cada uno de nosotros, una luz que no puede quedarse solo en nuestro corazón sino que ha de ser conocida y amada por toda la humanidad. En la medida que dejamos que el Espíritu dirija nuestra vida y hablamos de Jesús a los que nos rodean, en esa medida la luz brilla y el Reino de los Cielos va siendo una realidad.

           No tengamos miedo de dejar que Jesús y la vida en le Espíritu se transparente en nosotros. Somos el instrumento por el cual el mundo conocerá de una manera más clara a Dios. ¿Es nuestra vida un reflejo de la vida del Espíritu?

Ernesto Caro

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           Con 2 parábolas, Cristo quiere enseñarnos hoy cómo hay que instaurar su reino. Con la Parábola del Candil nos quiere decir que él es la luz de este mundo que guiará nuestros pasos por esta vida y que no quedará oculta su luz sino que será nuestra manifestación. Con la Parábola de la Medida nos dice que con la misma mesura que utilicemos para los demás así se nos medirá.

           Sin embargo, estas parábolas también tienen una aplicación muy concreta para nuestra vida. Porque Cristo también nos dice a nosotros: "Vosotros sois la luz del mundo", y quiso de esta forma hacernos partícipes de su luz para iluminar a otros hombres con la luz del evangelio.

           Creer en Cristo por tanto, es aceptar en nosotros su luz y a la vez comunicar con nuestras palabras y nuestras obras esa misma luz a toda la humanidad que anda a oscuras. Por eso cabría preguntarnos si somos nosotros luz que ilumina a los demás con nuestro testimonio en saber escuchar a los demás, en perdonarles cuando nos han ofendido, o en prestarles nuestra ayuda cuando lo necesiten. O por el contrario somos malos conductores de la luz de Cristo.

           Podríamos adaptar aquella frase de santa Catalina de Siena, que Juan Pablo II comunicó a los jóvenes en la jornada para la juventud en Roma: "Si sois lo que debéis ser, prenderéis fuego al mundo entero". Nosotros podríamos decir que si somos lo que debemos ser irradiaremos al mundo entero con la luz de Cristo.

Clemente González

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           Otras 2 parábolas o comparaciones, hoy Jesús nos ayuda a entender cómo es el reino que él quiere instaurar. La 1ª es la Parábola del Candil, que está pensado para que ilumine, y no para que quede escondido. Sobre todo para que ilumine a Cristo y su Reino, que es lo 1º que no quedará oculto, sino que aparecerá como manifestación de Dios, puesto que él dijo "Yo soy la luz". La Parábola de la Medida concluye: "la misma medida que utilicemos, será usada para nosotros y con creces".

           Los que acojan en sí mismos la semilla de la Palabra se verán llenos, generosamente llenos, de los dones de Dios. Sobre todo, al final de los tiempos experimentarán cómo Dios recompensa con el ciento por uno lo que hayan hecho. Y esto tiene también aplicación a lo que se espera de nosotros, los seguidores de Cristo. Si él es la luz, y su Reino debe aparecer en el candelero para que todos puedan verlo, también a nosotros nos dijo: "Vosotros sois la luz del mundo", y quiso que ilumináramos a los demás, comunicándoles su luz.

           Creer en Cristo es aceptar en nosotros su luz, y a la vez comunicar con nuestras palabras y obras esa misma luz a una humanidad que anda siempre a oscuras. Pero ¿somos en verdad luz? ¿Iluminamos, comunicamos fe y esperanza a los que nos están cerca? ¿Somos signos y sacramentos del Reino en nuestra familia, comunidad o sociedad? ¿O somos opacos, y malos conductores de la luz y de la alegría de Cristo?

           En la celebración del bautismo, y en su anual renovación de la Vigilia Pascual, la vela de cada uno (encendida del cirio pascual) es un hermoso símbolo de la luz que es Cristo, que se nos comunica a nosotros y que se difunde a través nuestro a los demás. No podemos esconderla, tenemos que dar la cara y testimoniar nuestra fe en Cristo.

José Aldazábal

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           El secreto del reino de Dios hay que difundirlo, y nadie está excluido de sentarse a la mesa del reino de Dios. Este secreto revelado del amor universal de Dios se compara con una lámpara que debe servir para ponerla sobre el candelero de modo que ilumine toda la casa y no para meterla debajo de la cama, donde no hay nada que iluminar.

           El Dios de Jesús, en el evangelio de Marcos, da dos veces de comer a la gente, una a judíos y otra a cristianos, y anuncia la buena nueva a uno y otro lado del mar. Su liberación alcanza a quienes la desean y sus curaciones no hacen acepción de personas.

           Este mensaje del amor universal de Dios no es fácil de aceptar por los discípulos que participan de la mentalidad exclusivista del pueblo de Israel, habituados a un mundo de privilegios. A los discípulos, les da clases particulares intensivas para que, cuando tengan que continuar la tarea de Jesús, la hayan aprendido bien y la divulguen a los cuatro vientos: Dios es Padre de todos.

           Y si todos somos hijos de Dios, todos somos hermanos; y si somos hermanos, somos iguales en derechos y en deberes, solidarios en el amor que hará del mundo un hogar. He ahí, de nuevo, el proyecto, la utopía y el sueño de Dios.

Confederación Internacional Claretiana

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           Los enigmáticos dichos de Jesús nos hablan hoy de ocultar y descubrir, esconder y encontrar. Como la lámpara que no se mete debajo de la cama, sino que se pone en un lugar donde pueda esparcir su luz. Hay muchas cosas malas ocultas en nuestro mundo, que deben ser descubiertas y denunciadas: atropellos, desapariciones, torturas, acaparamientos... Nuestra voz de cristianos debería revelarlas, y la comunidad (la Iglesia) denunciarlas.

           También hay muchas cosas buenas ocultas, que brillarán por sí mismas como una lámpara sobre el candelabro: la solidaridad, el cuidado de los más débiles (niños, enfermos, ancianos..), la ternura y fidelidad de los esposos, la abnegación de los padres, la educación de los que no saben... Tantas cosas buenas ocultas que brillarán en medio de las tinieblas de nuestro mundo.

           Así, es fácil aceptar y comprender el dicho de Jesús: "la medida que uséis, la usarán con vosotros". Así funciona, a veces, la sociedad, pues todavía queda mucho "ojo por ojo y diente por diente", o "el que la hace, la paga". Por eso, añade Jesús que "al que tiene se le dará, y al que no tiene se le quitará aún lo que tiene".

           Hay muchas formas de tener (esperanza, abnegación...), de compartir (comunitariamente), de soñar (justicia, paz...), de perdonar (misericordiosamente)... Y todo eso nos lo devolverá Dios, y con creces. Pero si uno está lleno de egoísmo e indiferencia, de orgullo y dureza de corazón, cosechará esa misma maldad acumulada, y sus consecuencias. Por eso a todos nos llama Jesús a la conversión: "¡atención a lo que estáis oyendo!".

Servicio Bíblico Latinoamericano