25 de Noviembre

Evangelio del Jueves XXXIV

Lc 21, 20-28
Mercabá, 25 noviembre 2021

           Las predicciones históricas de Jesús que aluden a la destrucción de Jerusalén parecen solaparse con las escatológicas, que presencian la venida del Hijo del hombre con gran poder y gloria. Decía él: Cuando veáis a Jerusalén sitiada por ejércitos, sabed que está cerca su destrucción. Entonces, los que estén en Judea que huyan a la sierra; los que estén en la ciudad, que se alejen; los que estén en el campo, que no entren en la ciudad, porque serán días de venganza en que se cumplirá todo lo que está escrito.

           Jesús predice, pues, la destrucción de Jerusalén, la ciudad que mata a los profetas que le son enviados. Serán días de angustia y terror, y los que quieran evitar la muerte tendrán que huir o alejarse de la ciudad. Muchos caerán a filo de espada y otros serán llevados como cautivos fuera de su tierra.

           Está describiendo Jesús lo que realmente sucedió cuando los ejércitos de Tito sitiaron y destruyeron la ciudad de Jerusalén en el año 70. Realmente Jerusalén sería pisoteada por los gentiles hasta que a los gentiles les llegase también su hora. Porque todos, judíos, gentiles y cristianos tendremos nuestra hora. Jesús califica estos acontecimientos como un castigo para este pueblo. No son, por tanto, fortuitos. No carecen de razón y de causa. Son un castigo merecido por su rechazo de Dios en sus enviados.

           Y aquí es donde se prolonga la narración como si estos hechos calamitosos tuviesen continuidad y anticipasen la venida del Hijo del hombre con la cual se clausurarían los tiempos: Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes enloquecidas por el estruendo del mar y el oleaje. Los hombres quedarán sin aliento por el miedo y la ansiedad ante lo que se le viene encima al mundo, pues las potencias del cielo temblarán.

           Ahora no se trata de la ciudad de Jerusalén, sino del mundo, porque todo esto se le viene encima al mundo. Entonces verán venir al Hijo del hombre en una nube con gran poder y gloria.

           Es la epidemía gloriosa del Hijo del hombre tal como viene descrita por la profecía de Daniel. ¿Qué hacer ante semejante espectáculo si es que uno queda para verlo? Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación.

           Jesús presenta la venida del Hijo del hombre como un acontecimiento liberador para sus seguidores. Pero para sentirlo así, como liberador, es necesario que tengamos conciencia de las cadenas que nos sujetan y de los lazos que nos oprimen.

           Hemos de suponer que los que viven en situaciones tan trágicas como las descritas en estos acontecimientos, sobre todo si se prolongan en el tiempo, han de desear que llegue su liberación. Y ésta sólo llegará si cesan tales acontecimientos o si logran escapar definitivamente de ellos y de sus efectos devastadores. Sólo así cesará el miedo y la ansiedad de esas gentes que han quedado sin aliento o enloquecidos por el estruendo del mar y el oleaje.

           Los cristianos vivieron situaciones en las que tuvieron que desear ardientemente la venida de su Libertador. Como tal recibirían al Hijo del hombre aunque viniese acompañado de signos tan terroríficos. Con él llegaba la liberación de todos los sufrimientos que estaban padeciendo en esta tierra regada con sus lágrimas.

           Por muy halagüeña que sea nuestra situación en el mundo, nunca nos faltará el sufrimiento ni el dolor. Son compañeros de camino inexcusables. Por eso la venida de Cristo, aunque nos cueste trabajo reconocerlo, no dejará de ser una venida liberadora de todo eso que nos esclaviza, que nos oprime, que nos hace sufrir y llorar, que nos deprime, que nos entristece, que nos va arrebatando la vida con sus goces y deleites.

           Aquí, la cercanía de la liberación no puede significar otra cosa que la salida de esa situación de muerte, y por tanto el acceso a una vida mejor aunque sea a través de la muerte. En cualquier caso la muerte es siempre un hecho insoslayable. La podremos retrasar, pero no evitar.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID, Dr. en Teología Patrística

 Act: 25/11/21     @tiempo ordinario         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A